Hace varios años dirigí un grupo de psicoterapia del duelo con pacientes de un CESFAM (Centro de Salud Familiar) de Recoleta.
Una de las pacientes era una señora que había perdido a su hermana y la extrañaba mucho. Con ella realizamos un ejercicio de psicodrama: otra señora representó a la hermana fallecida. Insté a la paciente a decirle a su hermana todo lo que necesitara decirle y, cuando estaba especialmente emocionada, insté a la otra paciente, en el rol de la hermana fallecida, a responderle, diciéndole "estoy bien donde estoy… déjame ir, quiero verte bien", etc.
Otro día le pregunté a la paciente protagonista cómo fue la experiencia y dijo que fue "bonita".
Este tipo de ejercicio terapéutico es útil porque afecta las emociones, permite a la persona en duelo contactarse simbólicamente con su ser querido muerto, reencontrarse con él o ella y despedirse.
Ahora bien, evidentemente este tipo de práctica no se ajusta a un concepto de ciencia restringido al método y los supuestos de las ciencias naturales. Un psicólogo rígidamente naturalista podría decir que este método de terapia "es irracional" o que "no es posible hablar con los muertos".
Pero a una persona en duelo que se beneficia de prácticas terapéuticas como esta probablemente no le importa que esta no se ajuste a la Weltanschauung (cosmovisión) de la ciencia natural moderna.
Jacob Moreno, el creador del psicodrama, afirmó que este puede definirse como la ciencia que explora la "verdad" mediante métodos dramáticos. Moreno concibió el psicodrama como un espacio de realidad suplementaria en el que la imaginación permite trascender las limitaciones de la realidad física ordinaria, incluso las que separan a los vivos de los muertos. El psicodrama hace posible traer al escenario a una persona muerta.
Por su parte, Rollo May criticó la tendencia a identificar la ciencia únicamente con aquellos métodos propios de las ciencias naturales, y llamó "metodolatría" a la aceptación acrítica de métodos limitados.
"Lecho de Procusto" es una metáfora para referirse a una medida, norma o esquema rígido al que se intenta forzar la realidad a adaptarse, aunque para ello haya que deformarla, mutilarla o forzarla.
En la mitología griega, Procusto era un bandido que vivía en las cercanías de Atenas y ofrecía alojamiento a los viajeros. Tenía una cama de tamaño fijo y obligaba a sus víctimas a ajustarse exactamente a ella. Si la persona era más alta que la cama, le cortaba las partes del cuerpo que sobresalían. Si era más baja, la estiraba a martillazos hasta que alcanzara la longitud de la cama. Finalmente, Teseo lo atrapó y le aplicó a Procusto su propio método: lo colocó en la cama y lo ajustó a ella. Como Procusto era más alto que el lecho, Teseo le cortó las piernas (o, en algunas versiones, la cabeza) hasta que cupiera.
La expresión "lecho de Procusto" es una metáfora para referirse a una medida, norma o esquema rígido al que se intenta forzar la realidad a adaptarse, aunque para ello haya que deformarla, mutilarla o forzarla.
Intentar forzar a la psicoterapia, a todas las formas de psicoterapia, a adoptar los supuestos y los métodos de las ciencias naturales, como parecen hacer algunos psicólogos, es como meter a la psicoterapia en un lecho de Procusto. El entendimiento de tipo científico naturalista no agota el tipo de conocimiento involucrado en la práctica psicoterapéutica.
Aunque la psicología es una ciencia (social), en mi opinión, la psicoterapia puede ser comprendida no tanto como una ciencia cuanto como un arte.
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La idea de que comunicarse con los parientes fallecidos, por ejemplo, ir a sus tumbas y hablarles, es una forma legítima de encontrar significado tras la pérdida, se comprueba porque muchas culturas tienen rituales para esto. Dennis Klass y otros psicólogos han desarrollado el enfoque de "continuing bonds" ("vínculos continuados") en la psicoterapia del duelo, inspirándose en este tipo de rituales. Ellos plantean que la mantención del vínculo ha sido considerada disfuncional en la psiquiatría occidental, pero es una forma válida de vivir la pérdida. Por tanto, un psicoterapeuta no debe forzar a su paciente a terminar la relación con un ser querido fallecido si el paciente desea mantener el vínculo con él o ella a través de rituales y símbolos.
Respecto de los sueños con personas fallecidas, la analista jungiana Marie-Louise von Franz relata que otra analista le pidió ayuda para interpretar los sueños de una paciente cuyo novio, un piloto de aviación, había muerto recientemente en un accidente. La paciente soñaba casi todos los días con él.
Von Franz interpretó algunos de los sueños como imágenes oníricas que expresaban aspectos de la mente de la paciente, pero interpretó 6 de los sueños como comunicaciones del novio en las que él regresaba para consolar a la paciente.
Diversas prácticas terapéuticas recurren al trabajo con sueños, a la imaginación o al psicodrama para permitir al paciente volver a establecer un diálogo simbólico con la persona fallecida. Para algunos pacientes y terapeutas, estas experiencias pueden ser comprendidas como manifestaciones de carácter espiritual.
En el nivel emocional y afectivo, dicha comunicación puede ser vivida como un encuentro genuino con el difunto y, precisamente por ello, adquirir una profunda eficacia terapéutica.
Referencias
Klass, D., & Steffen, E. M. (Eds.). (2017). Continuing bonds in bereavement: New directions for research and practice. Routledge.
May, R. (1958). The origins and significance of the existential movement in psychology. In R. May, E. Angel, & H. F. Ellenberger (Eds.), Existence: A new dimension in psychiatry and psychology (pp. 3–36). Basic Books.
Moreno, J. L. (1946). Psychodrama and group psychotherapy. Sociometry, 9(2–3), 249–253.
Moreno, J. L. (1965). Therapeutic vehicles and the concept of surplus reality. Group Psychotherapy, 18(4), 211–216.
Moreno, J. L. (1972). The future of man's world. Beacon House.
Von Franz, M. L. (2007). Sobre los sueños y la muerte. Kairós.