Tres poderes debe considerar, equilibrar el sujeto humano si es que quiere alcanzar su sitial, la buena perspectiva que le conviene en la sociedad, en la vida, en la estructura psíquica; de lo contrario corre el riesgo de quedar relegado, disminuido, alienado en los callejones sin salida del mundo, de la realidad, del presente, o, de las a veces angustiantes, imperativas y enrevesadas madejas y oscuros laberintos de los pensamientos.
Guardando las distancias abismales por supuesto, las líneas que siguen están inspiradas en una carta-texto de Freud escrita al novelista Romain Rolland en 1936, titulada "Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis".
Freud está de viaje. Llegado a Atenas contempla la Acrópolis y en ese acto lo asalta con fuerza inusitada un sorprendente pensamiento, que un poco demasiado parafraseado reza: ”bah (dudo que exista semejante interjección en lengua alemana), lo que me enseñaron en la escuela era real” .. refiriéndose manifiestamente con ello a la evidencia en esos monumentos frente a sus ojos de la existencia de la Civilización Griega, que hasta poco antes solo había conocido por los relatos de los libros y profesores de la escuela. Freud no deja pasar ese limón sin sacarle limonada; el bizarro pensamiento es sometido al análisis. Llegará a la conclusión que detrás de ese fenómeno, de ese pensamiento tan curioso en su presentación, en su fuerza, contenido y forma, en su estructura latente, da cuenta de la incredulidad de hallarse contemplando algo que nunca se hubiera siquiera atrevido a pensar alcanzaría en su vida, un objetivo que nadie hasta antes de él en su familia habían logrado, como si hubiera roto una barrera familiar que lo hace exitoso y culpable a la vez.
Vivo a un par de cuadras de la Rotonda Atenas en Santiago. Ayer en la tarde tenía jornada de teletrabajo; en una pausa me levanto de mi silla y me asomo a la ventana a mirar la lluvia quizá; de pronto sobresale de ese paisaje, como destacándose en la escena, un ancho caudal de agua -turbia- bajando por la calle; me llamó la atención, sorprendió ese aspecto de la realidad, de los hechos; mi conciencia reflejó en respuesta este pensamiento: “¡bah (ahora sí), nunca me había fijado en el gran caudal que cuando llueve se forma en la calle donde vivo desde hace tanto tiempo; qué poco observador!”, o algo así. Por supuesto no tardé luego en enterarme de lo sucedido, del aluvión que afectó, pocos minutos antes, a la comuna no tan lejos de donde vivo y que entonces esas crecidas aguas corresponderían a efectos secundarios del desastre natural; comprendí allí entonces el error de mi propio juicio hacia los hechos y hacia mí mismo.
En ambos casos señalados visualizamos el par de términos contrapuestos que conforman la estructura básica de significado humano: la realidad y el pensamiento. La biología moderna viene señalando lo mismo; el organismo no es mera fisiología, anatomía; es también ecología, habita, posee un medio ambiente.
Partamos entonces por el inicio, la naturaleza, la realidad.
La realidad es la escena habilitada por la evolución, y afectada también por los límites no alcanzados de la evolución, para el desenvolvimiento, la lucha por la vida; en términos biológicos la realidad es una buena mezcla de un fino trabajo evolutivo de precisión y exactitud para asegurarle al organismo un medio confiable, certero en el cual desenvolverse, reproducirse y sobrevivir con éxito; también es la naturaleza en términos hegelianos, puro desenvolvimiento, la libertad absoluta; o el mercado en términos marxistas, la tarea pendiente del afán de sometimiento humano; la tierra de todos y de nadie, el campo de los fenómenos a disputar por la razón o la fuerza. Es también el terreno donde saltan del interior de la vida todos los síntomas y los males que se acumulan en su naturaleza interior, tales como el par de pensamientos de los que nos estamos ocupando acá.
Algo para pensar, para ti
Una pieza nueva cada semana. Sin ruido ni relleno.
El sujeto humano se distribuye, localiza entonces en función, primero, de los hechos, la percepción y la intuición de lo que tiene enfrente, del ambiente; al menos en el papel y con el objetivo que fue diseñado eso no debiera fallar, es un dispositivo evolutivo bien pensado; si no tuviéramos esa realidad correríamos serio peligro; pero luego entramos nosotros, el organismo, el ser vivo, con toda nuestra experiencia, pasado y limitaciones, con todo lo que seamos capaces de pensar, correctamente o no, completo o incompleto -¡incompleto!- reflejando, clara u obscuramente, ajustados o no, esos hechos inicialmente dados, adaptándonos o torciéndolo todo.
Uno puede entonces quedar allí atrapado, entre la espada y la pared como quien dice; o la pared y la espada quizá mejor -la pared de la realidad y la espada de nuestro pensamiento-.
Uno puede entonces quedar allí atrapado, entre la espada y la pared como quien dice; o la pared y la espada quizá mejor -la pared de la realidad y la espada de nuestro pensamiento-.
Comparto un tercer y último caso, extraído de mi experiencia esta vez no del presente sino de juventud, de la juventud viajera, abierta al ancho mundo. Transcurre en mi primer viaje a un país tropical. Caminaba por una playa cuando de reojo de pronto vislumbro lo que más tarde me instruiría se denominan “murmuraciones”, esas típicas grandes bandadas de aves, estorninos, por ejemplo, formando azarosas coreografías en el cielo, que tantas veces hemos visto en filmaciones. Bueno una cosa es verlas en la pantalla y parece que otra muy diferente es encontrárselas de pronto rompiendo el apenas habitado cielo al que estamos acostumbrados.
Cualquier hecho que la realidad, la naturaleza nos presente y que rompa la lógica, los esquemas de lo conocido, de lo esperable, echa a andar la estructura, el mecanismo interno, psíquico, oculto del procesamiento de la novedad, del nuevo desafío para la vida. Es posible interpretar desde la perspectiva de esta idea tanto la psicología del aprendizaje como la del trauma.
O sea que todo aquello que no cuaja y pega perfecto con la magnífica realidad que tenemos enfrente, sea la naturaleza o el mundo familiar o social que hemos puesto en su lugar, queda excluido, cae en la clandestinidad de la interioridad cerrada de la vida para su revisión o represión. En ese pozo es donde se comienzan a formar, o malformar los pensamientos, alcanzando toda una escala de grises según se pudran o se alcen de allí hacia la integración entre el sujeto que piensa y el contenido de lo pensado, hacia la sofisticación de la conciencia; yendo desde el placentero insight, hasta las más monstruosas y ajenas ocurrencias que podemos sorprendernos pensando.
Desearía ir cerrando la comunicación con un par de conclusiones, o preguntas, acerca, uno, de la epistemología que de acá se desprende, del lugar que le corresponde a la psicología en el campo del conocimiento, de las ciencias; la cosmovisión que más le conviene, a la que se ajusta y pertenece en propiedad. Dos, seguir esbozando los elementos constitutivos del sistema de la vida psíquica.
Pregunta. ¿Por qué me interesa más la psicología en estos términos, en este método, histórico, de análisis e inferencias de caso único y menos o nada la deducción científica oficial? La última es lineal, va con anteojeras saltando, desplazándose a la luz de certeza en certeza; en cambio lo que hace Freud en La perturbación de la Acrópolis es, cierto un poco oscuro, y además masivo, juntando y apilando diques por así decir a ver si logramos con ello circunscribir y encerrar una verdad.
Y la conclusión estructural, sistémica. La vida psíquica se juega en el resultado de un juego de fuerzas y dinámicas de distintos sistemas psíquicos, algunos más inmediatos y necesarios, otros posteriores, sutiles, escasos, faltantes muchas veces, dejando así al sujeto funcionando ‘en piloto automático’ como se escucha decir .. caído.
Pero el sujeto humano cuenta también con una conciencia. En el caso del aluvión que señalamos, yo no era conciente que este había ocurrido; me faltaban piezas del puzle para comprender e interpretar los sucesos. El mundo humano está construido a escala humana. Los sistemas de comunicación de masas por ejemplo, con los que me informé del desastre ambiental que estaba ocurriendo me aportaron, hicieron conciente de las piezas que me estaban faltando para rectificar mi pensamiento de los hechos.
Ojalá nunca nos faltara esa pieza de la existencia en todos nuestros asuntos, no solo los naturales más simples de resolver, también en el caso de los complicados, complejos, los personales, sociales y culturales, para no apresurarnos, extraviarnos y equivocarnos tanto.